Subtítulo
erg radio
Página principalMapa del sitioAgregar a favoritosImprimirEnviar a un amigo
 
Vign_mano

 

Desde el corazón 

 

 Un mendigo

 

La noche del 20 de Diciembre del pasado año me costó mucho conciliar el sueño, y se debió especialmente a la sencilla noticia que leí y compartí en la Radio aquella mañana: “Un mendigo que pedía limosna a las puertas de un templo de Avilés (Madrid), se murió de frío en la madrugada de aquél día”, Jabino Mauro LÓPEZ MÉNDEZ, de 56 años y de origen burgalés, era conocido del vecindario, solía dormir entre cartones en el atrio del templo, y según los lugareños era apreciado, aunque de carácter algo difícil. Esta frase de la noticia, me pareció de cine de Berlanga; pues sin trabajo, sin un euro, alcohólico y desesperado porque le habían “negado la pensión de Ingreso Mínimo de Inserción” (el escrito oficial le decía que “carecía de un hogar familiar independiente”) ¿qué podía decir la crónica de sucesos, que su carácter fuese de lo más dulce?

Terminé la noticia pensando para mis adentros: ¿le hubiera permitido yo dormir en las estancias de “mi” templo? Pregunta que llevé conmigo a lo largo del día y que traté de desembarazarme de ella para conservar cierta calma.

          En la noche, cuando me acosté, noté el edredón de mi cama como más caliente y más congelador: me sentía habitando en el calor de la comodidad, pero congelándome con el mendigo acurrucado como un fardo en medio de cartones, muriéndose de frío..Tardé en dormirme, y en cuanto me venció el cansancio soñé:  “Estaba  compartiendo  mi  zozobra  con  colegas,  de  que  yo no hubiera resguardado al mendigo Jabino, y notaba que el hecho no impresionaba   a   casi   nadie.  Alguien  me  decía  que  el  problema  no  era  mío.    Otro me   indicó   que  la  gente    así   ya    está    acostumbrada  a   dormir a   la   intemperie .   No   faltó   quien   afirmara   que   lo   urgente   no  era  asistir al pobre, sino cambiar la sociedad. Otro señaló que la caridad auténtica era cuando se convertía en justicia. Hubo un quinto que comentó, que dar cobijo una noche de frío a un vagabundo no iba a resolver el problema y que a lo mejor, tal individuo se lo había buscado. En aquel sueño sudé increíblemente, pero me sentí totalmente congelado al comprobar que la frialdad no la produce solamente la meteorología” y gracias a Dios desperté de esta increíble reunión, y de este desesperado sueño.

Despierto ahora, y desde el corazón, no quiero juzgar a aquellos duendes, y menos condenarles. Pero tengo claro que algo no funcionaba en aquella reunión. La historia de la muerte de Jabino Mauro LÓPEZ MÉNDEZ es totalmente verídica, mi sueño es un símbolo del mundo en que vivimos: sabemos tanta tecnología y sociología que nos estamos olvidando del hombre, del hombre concreto, del hombre integral.

Me he preguntado muchas veces por qué ha bajado tanto en nosotros el sentido del pecado, de maldad. Y desde el corazón pienso que una respuesta está en que hemos logrado convencernos de que el mal es una cosa anónima, de la que tendría la culpa la sociedad y no nosotros.

Abres cualquier día el televisor y ves que entrevistan a un ilustre sobre problemas de la criminalidad y en seguida te explica que la sociedad está mal estructurada. Al parecer, ni el delincuente tiene culpa alguna ni la tiene las personas que de algún modo la rodearon y le influyeron negativamente. La culpa es “de las estructuras”. El día que cambien las estructuras, nos dicen, la criminalidad, el hambre y la desigualdad social habrán desaparecido. Cuando nadie parece saber a ciencia cierta lo que esas dichosas estructuras sean.

No soy tan simple, como para rebajar la importancia que las circunstancias sociales y mediáticas tienen en la conducta de los hombres.

                Sé  que la pobreza, la incultura, la miseria son, al menos en un 80 por cien,  causas  de muchos crímenes y disparates sociales. Pero no podemos ignorar dos cosas: que otros muchos vivieron en la  misma  pobreza,  incultura y miseria  y  sigue luchando corajudamente para ser honrados; y, en segundo lugar, que en idénticos disparates morales caen en no pocas ocasiones otras personas que disfrutaron de riqueza, cultura y facilidades de la vida. Y concluyo que las circunstancias de la vida pueden aportar la leña dispuesta para el incendio, pero que, en definitiva, es la conciencia del hombre quien aporta la chispa con la que esa leña arderá.

De ahí, pero rotundamente por la Biblia que me enseña que “quien no ama al hombre, no puede amar a Dios” desconfío profundamente de todas las filosofías que no pasan por “amar” al hombre concreto. Sé, naturalmente, que la limosna no resuelve el fondo de los problemas.

Que es más importante enseñar a pescar que dar un pez (sin dejar de darlo cuando hay hambre). Que es más eficaz ofrecer un trabajo que regalar unos cuantos Euros. Pero dicho todo eso, me parece un enorme camelo lo de pensar que cambiaremos el mundo sin querer al hombre concreto, hablando de que cambiaremos la justicia de la Tierra mientras un ser humano se muere de frío en el atrio de nuestro templo. Mucho de lo que hablamos hoy, sin actuar, no son más que formas de tapar los gritos de la conciencia.

Autor:     Roberto Velert

 

 
Vign_macara
                  Desde el corazón

“Demasiado Carnaval”

 

   Si en muchas Regiones de España, el “Entierro de la Sardina” pone punto final al carnaval, y la fecha la elige la propia Región, como –por ejemplo- la ciudad de Villafranca de Barros (Badajoz) que lo hace por estas fechas, lo que realmente está sucediendo en España día sí y el otro también, es el “Entierro de la Dignidad”. Pues no se necesitan muchos pensares para percatarse que en Carnaval prácticamente ha dejado de tener sentido el ponerse una máscara de cartón, ya que casi todos llevamos puesta una máscara de piel.

    Antes de que llegue Febrero, ya el convencionalismo nos prepara e invita a adquirir nuestra máscara y celebrar una fiesta que tanto para celebrar el invierno, como para dar rienda suelta a la carne o festejar algo en honor de los dioses indoeuropeos, hasta en los Colegios e Iglesias, se festeja.

    Es algo como para falsear lo auténtico, para hacerlo digerible. Es la diversión por la diversión, como querer, ocultando quien se es, vivir en el desenfreno de quien se quisiera ser. La ambivalencia en todo. Un comportamiento definido, serio, responsable, asumiendo lo que somos, hoy significa una concepción conservadora de la vida inaceptable.

    Hoy nuestra sociedad quiere ser progresista en obrar, en palabras, en disfraces y, aún más, en sus excesos. Eso que sostienen los textos sagrados y no pocos clásicos de que no hay cosa más preciada que la virtud, la transparencia, la naturalidad; ni aborrecible que la tibieza, el engaño, la farsa, está pasado de moda. La nuestra es una sociedad carnavalesca demasiado tiempo, acomplejada y, a la vez, exhibicionista, sin alguna clase de pudor; en perfecta armonía con la ausencia de toda convicción. Las tres eses que, según Gracián, hacen dichoso: santo, sano y sabio, hoy provocan hilaridad. Lo que se lleva, aquí y ahora, y el Carnaval lo representa adecuadamente, es jugar a la confusión.

    Son demasiados los indicios que aunque apunten hacia una espiral descendente de moralidad, dignidad y espiritualidad, nos corresponde a los cristianos actuar como si no fuera así. Eso no significa para nada escurrir el bulto. Al contrario: ahora es nuestro tiempo de mostrar las mejores alternativas. Actuar sin disfraces, con entereza, con ejemplaridad. Hay una forma alternativa de vivir, para experimentar en carne propia el cambio que uno mismo quiere ver en el mundo: regar de compasión el árbol de nuestra vida, para alzar desde sus ramas lo más noble, lo más humano, lo más espiritual. Jugar a la verdad, ser veraces, como único modo de llegar a alguna parte.

    Los carnavaleros –con honrosas excepciones- no luchan por ser alguien, sino por representar “algo”, no se apasionan por llenar sus almas, sino por divertirse a toda costa; no se preguntan qué tienen por dentro, sino lo que van a ponerse por careta. Es una triste evidencia de que en el mundo hay demasiadas marionetas y tan poquitas personas.

    Nada hay más grande, fecundo y bendito que el alma de un hombre, esa alma que puede ser atontada con chirigotas y carnavalesca morfina de vanidades, pero que si es verdadera, jamás se saciará con la paja de los establos festivos del mundo. Cuando David pastoreaba en el campo los rebaños de su padre, ¿sabía acaso que llevaba ya un alma de rey?; ¡cuántas personas llevarán en nuestras calles almas de rey y no lograrán enterarse de ello!; ¡cuántos pasarán la vida manifestando su disfraz sin antes haberse conocido a sí mismos!; ¡cuántos perderán su alegría y la pureza de sus almas por conquistar una careta, para luego pagar el amargo precio de tenerse que pasar la vida viviendo con ella puesta!.

Articulo escrito por:
                             Roberto Velert
Vign_robot
Desde el corazón
                                                                                         
       “El reino de lo artificial” 

   Escribo este “Desde el Corazón” el mismo día que hace un año Barack Hussein Obama fue inaugurado como el presidente número 44 de EEUU, por tanto, mucho se ha escrito, descrito y juzgado acerca de este primer año de su mandato presidencial.

   De lo mucho que he leído al respecto, aparte de la crítica de la lenta UE, sobre su “temor a que la intervención de USA en Haití, pueda significar el tratar de reconstruir un quincuagésimo primer estado para sí”, que por otra parte, ha sido aprobada la intervención dentro y fuera de EEUU, no pocos articulistas, han indicado, que OBAMA necesitaba una acción rápida de este tipo, para volver a ganar cierta popularidad, que demostrase que su éxito electoral fue algo más que un producto televisivo, de magnífica imagen creada por especialistas, que lo mismo aúpan al estrellato a un refresco, a un nuevo perfume o simplemente, a un paquete de detergente.

   Si a estas lecturas, añado un slogan publicitario, que ya he visto varias veces: “Si no te anuncias, no existes”, llego a la conclusión de que vivimos una época de líderes políticos fabricados con técnicas de marketing, atletas con músculos desarrollados gracias a la química, famosillas y famosillos del ocho al cuarto que lo son porque salen mucho en la “caja tonta”, religiosos como el Pastor anglicano que por un poco de renombre, bendice ordenadores, móviles, discos duros y MP3 en su parroquia de Londres, diputados que como no tienen sabiduría para más, con tal de que se hable de ellos, piden que en “honor a la memoria histórica, se retire el Arco del Triunfo de Madrid, porque por él pasaron las Fuerzas Nacionales tras la guerra” y ejecutivos de empresa con el cerebro desvelado por estimulantes de diversos tipos.

   Es decir, cada día avanzamos hacia el reino de lo artificial. El café descafeinado, la leche desnatada; a las vacas se les inyectan hormonas para que engorden; los pollos saben a harina de pescado; las gambas tan sonrosadas se destiñen cuando las colocas en la plancha. Y los conservantes, los edulcorantes y los colorantes son ya la cosa natural en cualquier producto. Las muñecas dan besitos de plástico, los video juegos matan virtualmente a placer, en los exámenes se podrá copiar sin que te echen de clase y una terna de tres profesores y tres alumnos te dirán si pasas el examen; así que pronto “carreras fast” como el “fast food”.

   Empiezo a comprender que, de desatino en desatino, de deshumanización en deshumanización, estamos sustituyendo todo lo natural –incluido el sexo- por técnicas de artificio y plástico. Hasta los programas de humor son con risa enlatada, pues una maquinita pone en sonido las risas que se quieren, cuando se quieren y sin ser ni muy breves ni muy largas.

   Hoy queremos ser padres sin asumir los inconvenientes de una verdadera responsabilidad de paternidad ni maternidad, queremos trabajar y vivir sin sacrificios, amar sin compromisos, religiosidad sin mandamientos, adormecer el espíritu; vivir una vida tan fácil que toda ella, parezca una farsa artificial. Y siento ganas de sonreír cuando leo que se investiga un armamento que destruya las vidas y deje lo artificial. ¡Pero si no hace falta! la Humanidad ya la estamos destruyendo, desmodulando, cloroformizando, atontando, sustituyendo todo lo que es fuego, vida, espíritu, y anhelos de nobles aspiraciones por una colección de mentiras artificiosas con las que nos alimentamos y que nos hacen creer que estamos vivos.

   Pero mientras emborrono estas páginas ¿qué me digo, si ahora ya lo hago también artificiosamente por ordenador? pienso también, que entre tanto materialismo, todavía existen almas como las flores que salen en los jardines: que aman, sirven y que se solidarizan con las tragedias humanas. Y mientras escribo, miro desde la ventana de mi habitación del Seminario y veo la lluvia caer. Riega la tierra, limpia la atmósfera, enriquece los manantiales, fertiliza el suelo. ¡Menos mal que Dios es vida! No me preocupa que hayan productos artificiosos, yo seguiré tratando de someterme a la vida en el Espíritu. Y cerraré aquí este “Desde el Corazón”. No puedo seguir escribiendo abriendo mi alma si pienso que serán seres artificiales quienes lean estas líneas. Lloro por los que viven sin el gozo de lo espiritual, de la vida interior. Y me alegro de comprobar que mis lágrimas no son de plástico.

    Articulo: Escrito por.

                                     Roberto Velert
 
DESDE EL CORAZÓN
                                  “Un rápido psicoanálisis” 

  Psicoanálisis significa, originariamente, examen del alma, y tal psicoanálisis es útil si lo dirige el propio individuo. Examinando nuestra alma, nos será posible aprender cinco verdades sobre todos los seres humanos.

  La primera es que todos somos duales. Sentimos una fuerte tensión al ver lo apartados que están nuestros majestuosos ideales y su pobre relación; al comprobar la lucha entre nuestro ego, con su anhelo por la supremacía y las voluntades ajenas, con sus deseos contradictorios. Hay choques entre nuestras ansias de librarnos de toda restricción y el hecho de que nuestros placeres nos sacan de nosotros mismos. En claro y resumido: es un estado de tensión endémico en el hombre.

  La segunda, es que tal conflicto está restringido al hombre. Los animales no conocen la tortura de dudar entre dos dioses aparentes que los hagan moverse en direcciones distintas. Esta diferencia nos da la clave de todas las tensiones, porque el hombre tiene alma y el animal no.

   Los hombres vivimos rodeados de conflictos porque vivimos suspendidos entre lo finito y el infinito. Somos como escaladores a mitad de la ladera de la montaña que aspiramos a la cumbre y temblamos de temor a caer en los abismos que a nuestros pies tenemos.

   La tercera es que como estamos compuestos de cuerpo y alma, tenemos que elegir entre una de las direcciones en que podemos movernos, por el camino de lo animal o del ser interior, porque nos cabe ascender o descender. Podemos elevarnos sobre el nivel humano buscando a Dios con todo el apasionado ardor de nuestra alma.

  También podemos deslizarnos en la desesperación, el fracaso y la melancolía de los que han dejado de buscar a la divinidad y la imagen que de ella llevamos. Los límites de lo humano puede cruzarse en dos sentidos: hacía arriba, a través de la fe; hacia abajo, a través de la increencia. Todo hombre y a toda hora avanza en una dirección y otra, sin que pueda permanecer normalmente al mero nivel humano, porque nuestros egos son demasiado angostos y escuálidos para servir de morada a nuestras almas.

  Desde el corazón pienso que los hombres y mujeres que prescinden de todo esfuerzo para mejorar sus almas y afirman que son felices, nos mienten. Su desesperación puede resultar invisible, pero no es menos real y latente.

  La cuarta es que hay dos barreras que separan a los hombres de encontrar su destino feliz, y las dos pueden hacer que un hombre o una mujer tímidos se desplomen en la desesperación del “sin sentido de la vida”. Hay hombres que no quieren buscar la verdad por sí misma, ni procuran descubrir qué es su vida en resumen, humillando su orgullo lo suficiente para admitir que Dios puede ser distinto a como ellos lo conciben. Otro obstáculo es la negativa a reconocer la divinidad por las exigencias que tal fe debe implicarnos, y porque no osamos afrontar la vida sin los hábitos de avaricia, orgullo, lujuria y egoísmo que la fe nos haría abandonar.

  Y la quinta, es que el hombre que verdaderamente penetra en sí mismo, nunca queda complacido enteramente por lo que allí encuentra, y su vacío interior puede llevarle a la más triste desolación. Hay dos géneros de vacíos: la vasta oquedad de un cauce seco e imposible de llenar, y la cavidad de un nido dispuesto a dar cobijo a los pájaros que van a nacer. De aquí que haya dos clases de desesperación: la satánica, que se niega a creer en la clemencia de Dios, y la desesperación creativa de los que aspiran a que Dios alivie la incredulidad. La primera forma de desesperación fue la de Judas, que acabó ahorcándose. La segunda fue la de David, cuando exclamó: “Ten piedad de mí, Dios, ten piedad de mí”.

  Puesto que tal compasión está al alcance de todos los que desesperen de sus conflictos, confusiones e imperfección interna, debe deducirse que el pecado no es lo peor que puede ocurrir a un hombre. Lo peor es la negativa a reconocer nuestros pecados. Si somos pecadores, hay un Salvador.

  Habiendo un Salvador, hay una cruz. De haber una cruz, hay un modo de amoldarla a nuestras vidas, y
 nuestras vidas a ella. Hecho esto, la desesperación será eliminada y tendremos “la paz que no puede dar el mundo”.

Articulo de:  
                Roberto Velert
Vign_cruz1
 
Vign_tus_ojos
`Mi ex´ 
Leyendo algunos testimonios y escuchándolos a viva voz, la expresión más generalizada al referirse a la persona con quien se tuvo una relación amorosa es, ya sea hombre o mujer, “mi ex”.
 Quizás sería oportuno empezar a omitir esta mención, en primer lugar, de los labios de la mujer maltratada que ha logrado sobrevivir a tan amarga tragedia, ya que quien antes fue alguien valioso para ella, ha dejado de serlo a base de desprecios, anulación del poder de decisión, golpes físicos y psicológicos (llegando por desesperación al suicidio unas y siendo asesinadas otras).
Con el dicho “mi ex” se sigue dando a entender que su pareja en el pasado, sigue dominándola de alguna manera en el presente, demostrando que todavía existe un vínculo de poder y sumisión.  
Posiblemente a los varones maltratadores, a esos que son tan hombres, les sirva esta misma expresión, “mi ex”, para sentir que todavía tienen el camino abierto, menos ancho pero aún accesible, ya que nunca pierden del todo lo que consideraron que un día fue suyo e, igualmente, habría que enseñarles que han perdido todas sus oportunidades. Gracias a ellos las que fueron sus compañeras necesitarán terapia de por vida para sobrellevar tanto daño.
 Se hace necesario buscar para la mujer maltratada otra manera que defina a quien no es capaz de actuar con nobleza, romper para siempre con el pasado, desligarse no sólo en cuerpo y alma sino además en el uso de los términos.

 Auto: Isabel Pavón
desde el corazon
Vign_foto_1_001
DESDE EL CORAZÓN

 “El reino de lo artificial” 

Escribo este “Desde el Corazón” el mismo día que hace un año Barack Hussein Obama fue inaugurado como el presidente número 44 de EEUU, por tanto, mucho se ha escrito, descrito y juzgado acerca de este primer año de su mandato presidencial. De lo mucho que he leído al respecto, aparte de la crítica de la lenta UE, sobre su “temor a que la intervención de USA en Haití, pueda significar el tratar de reconstruir un quincuagésimo primer estado para sí”, que por otra parte, ha sido aprobada la intervención dentro y fuera de EEUU, no pocos articulistas, han indicado, que OBAMA necesitaba una acción rápida de este tipo, para volver a ganar cierta popularidad, que demostrase que su éxito electoral fue algo más que un producto televisivo, de magnífica imagen creada por especialistas, que lo mismo aúpan al estrellato a un refresco, a un nuevo perfume o simplemente, a un paquete de detergente.

Si a estas lecturas, añado un slogan publicitario, que ya he visto varias veces: “Si no te anuncias, no existes”, llego a la conclusión de que vivimos una época de líderes políticos fabricados con técnicas de marketing, atletas con músculos desarrollados gracias a la química, famosillas y famosillos del ocho al cuarto que lo son porque salen mucho en la “caja tonta”, religiosos como el Pastor anglicano que por un poco de renombre, bendice ordenadores, móviles, discos duros y MP3 en su parroquia de Londres, diputados que como no tienen sabiduría para más, con tal de que se hable de ellos, piden que en “honor a la memoria histórica, se retire el Arco del Triunfo de Madrid, porque por él pasaron las Fuerzas Nacionales tras la guerra” y ejecutivos de empresa con el cerebro desvelado por estimulantes de diversos tipos.

Es decir, cada día avanzamos hacia el reino de lo artificial. El café descafeinado, la leche desnatada; a las vacas se les inyectan hormonas para que engorden; los pollos saben a harina de pescado; las gambas tan sonrosadas se destiñen cuando las colocas en la plancha. Y los conservantes, los edulcorantes y los colorantes son ya la cosa natural en cualquier producto. Las muñecas dan besitos de plástico, los video juegos matan virtualmente a placer, en los exámenes se podrá copiar sin que te echen de clase y una terna de tres profesores y tres alumnos te dirán si pasas el examen; así que pronto “carreras fast” como el “fast food”.

Empiezo a comprender que, de desatino en desatino, de deshumanización en deshumanización, estamos sustituyendo todo lo natural –incluido el sexo- por técnicas de artificio y plástico. Hasta los programas de humor son con risa enlatada, pues una maquinita pone en sonido las risas que se quieren, cuando se quieren y sin ser ni muy breves ni muy largas.

Hoy queremos ser padres sin asumir los inconvenientes de una verdadera responsabilidad de paternidad ni maternidad, queremos trabajar y vivir sin sacrificios, amar sin compromisos, religiosidad sin mandamientos, adormecer el espíritu; vivir una vida tan fácil que toda ella, parezca una farsa artificial. Y siento ganas de sonreír cuando leo que se investiga un armamento que destruya las vidas y deje lo artificial. ¡Pero si no hace falta! la Humanidad ya la estamos destruyendo, desmodulando, cloroformizando, atontando, sustituyendo todo lo que es fuego, vida, espíritu, y anhelos de nobles aspiraciones por una colección de mentiras artificiosas con las que nos alimentamos y que nos hacen creer que estamos vivos.

Pero mientras emborrono estas páginas ¿qué me digo, si ahora ya lo hago también artificiosamente por ordenador? pienso también, que entre tanto materialismo, todavía existen almas como las flores que salen en los jardines: que aman, sirven y que se solidarizan con las tragedias humanas. Y mientras escribo, miro desde la ventana de mi habitación del Seminario y veo la lluvia caer. Riega la tierra, limpia la atmósfera, enriquece los manantiales, fertiliza el suelo. ¡Menos mal que Dios es vida! No me preocupa que hayan productos artificiosos, yo seguiré tratando de someterme a la vida en el Espíritu. Y cerraré aquí este “Desde el Corazón”. No puedo seguir escribiendo abriendo mi alma si pienso que serán seres artificiales quienes lean estas líneas. Lloro por los que viven sin el gozo de lo espiritual, de la vida interior. Y me alegro de comprobar que mis lágrimas no son de plástico.

Articulo:   Escrito por

Roberto Velert
DIOS TE AMA